EL ALMA PARTIDA 

 

Se me partió el alma aquella tarde,
el cielo aclaraba, pero en mí todo fue un infierno.

Nuestros resueltos labios pronunciaron las palabras más tristes,
nuestra decisión meditada se imponía en el ambiente
y mil suspiros, mil silencios;
mis ojos, encharcados por el dolor, entendieron el “para siempre, adiós”.

Se me partió el alma en muchos pedazos,
los recogí aun cuando no asimilaba la pérdida,
me tocó recogerlos mientras aún estaba en el piso tendida.

Se me partió el alma, pero entendí que debía aceptar,
Qué aquellas lágrimas que inundan mi existencia tienen sentido,
Qué amé y aprendí.
Qué me debo amar más.

Se me partió el alma y, el recuerdo de los tiempos felices remueve mi tristeza y me incita a abandonar la desazón.
A ratos olvido para qué pacté por mi libertad, me distraigo, lloro.
Partí mi alma convencida que es hora de continuar el camino en soledad.

Vago, desesperada, sintiendo la tormenta y el incendio en mi interior.
Estoy reconstruyendo mi alma con la sal del dolor y del perdón.

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